Artist With Hype: Edición 64.

Por Alicia Reyes.


Publicado hace 5 meses 2 días



Señor Kino es la banda que todos quisimos tener en la prepa. Un grupo de chavos revoltosos que hacen música mientras la pasan bomba, a la par de tener que ir a la escuela, lidiar con los primeros desamores y a veces, incluso, quererse cortar las venas. Formada por cinco jóvenes, su sonido revienta en forma de un surf punk colorido y agridulce que funciona como espejo de la vida adolescente, la rebeldía y los demonios propios de la carne joven y frágil.
Sus influencias abarcan desde surf punk mexicano de bandas como los Blenders y O Tortuga, hasta un punk más violento como Bikini Kill y Babes in Toyland, ambos proyectos pertenecientes al movimiento riot grrrl.
Esta banda es sobre todo un gran ejemplo de cómo se van desmoronando los paradigmas en las generaciones de artistas más jóvenes, ya que, tanto bajista como guitarrista son chicas, constituyendo una alineación algo inusual dentro de las proyectos musicales más relevantes de estos géneros en México; y aunque a su sonido le falte terreno por explorar, Señor Kino se consolida como una parte disruptiva dentro de la escena surf punk del país.
Su primer LP Limonada Rosa acaba de salir este 9 de junio.

Crystal Bats es un dúo conformado por Will Vaughan y Will Jones, con apenas dos singles y un video ha causado furor enorme de alguna forma misteriosa. Tal vez el estilo vampiresco de sus integrantes a la Brad Pitt en Entrevista con el Vampiro, su esencia musical de synth wave ochentero, o la estética cinematográfica tipo Drive de Nicolas Winding en el video del primer sencillo; el cual se filma en una especie de salón con colores neón saturadísimos, una bola disco, bailarinas llenas de glitter en babydolls bailando como si hicieran aerobics, y ambos jóvenes de rostro enigmático y desprovisto de cualquier expresión.
Cualquiera que sea la razón, Crystal Bats emerge de las cenizas después de 4 años de haber sacado su primer single y el resultado de su nuevo track es un synth pop/rock pegajoso, permeado de un vibe de suspenso, como si al escuchar la canción ésta te llevara por un callejón oscuro en alguna ciudad húmeda y fría con botellas de cerveza rotas en el piso. El dúo, por el momento, tiene planes de seguir colaborando con otros artistas, sacando singles nuevos, y probablemente, de liberar un EP para el final de este año.

Las líneas dibujadas entre dos manifestaciones artísticas se vuelven completamente inexistentes en este proyecto, que comprende al productor y vocalista de Phoenix Troy y el director artístico de Flower Girl, quienes crean en su último EP Greenhouse una serie de piezas audiovisuales acompañadas de canciones, o viceversa. La idea es apreciar una transtextualidad entre música y artes audiovisuales, que éstas se doten de sentido mutuamente y se acompañen complementándose.
La música de Phoenix se compone de una lírica melosa, cantada por una voz dinámica que es capaz de ir desde un rango grave –recordándonos a King Krule (Archy Marshall)– hasta notas más agudas que emulan aquella de Frank Ocean. Este claroscuro vocal, que suena a un ritmo dub, le otorga una oscuridad inherente a su música; mientras que en el fondo van y vienen sintetizadores fantasmagóricos, dando vida a este r&b electrónico/atmosférico que da la sensación de expandirse por el espacio. Los videoclips de Flower Girl juegan con técnicas distintas en cada uno, siempre explorando la dualidad de la mujer como una criatura frágil pero paralelamente solitaria, enigmática y oscura: bella y demoníaca. Mientras que el título del EP Greenhouse juega con la mórbida idea del ser humano como una planta más en un invernadero, el mundo, siendo un espacio controlado del que ultimadamente no podemos escapar.


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