ESTE MUNDO NO ES MÍO

Pareciera que el derecho a opinar se ha vuelto un derecho para odiar.

Por Bernardette Limón.


Publicado hace 1 mes 2 días



No es la canción ‘Where’s The Love’ de Black Eyed Peas ni su remasterización, no es Obama, no es Malala o un enorme grupo de mujeres marchando fuera del Capitolio en Estados Unidos. Somos todos, es nuestra burbuja. Ahí nacen todas las mal intencionadas ganas de disfrazar lo correcto. Entonces, cuándo comenzamos a normalizar la maldad como elemento necesario para sobrevivir en este siglo. Puede que sea cierto que sin guerra no existe la verdad, por lo que no podría dejar de preguntarme ¿cuál de las dos fue primero? ¿cuál de las dos es una lucha real? ¿cuál es el propósito? y cuando hablo de guerra no solo me refiero al Medio Oriente contra Estados Unidos y los otros, tomemos en cuenta que la pelea entre países no es la única que nace del odio, prender la televisión o darse un clavado al Facebook es un bombardeo de malas noticias, este es el pronóstico del clima de todos los días y que ha provocado que diseñadores como Vivanne Westwood tomé sus prendas para hacer protestas políticas o Stefan Sagmeister viaje por el mundo insertando una semilla de esperanza con su ‘Happy Film’.

Aunque no sabemos con exactitud como es que comenzamos a odiar y a actuar sobre nuestra “libertad de expresión” en contra de todo y de todos, quizá este es el famoso Apocalipsis que estábamos esperando, uno en donde simplemente demos más cabida a la indiferencia que a la empatía, y por más que existan campañas de publicidad ejecutadas a la perfección, no podemos ignorar el enajenamiento que nos generan algunas situaciones, personas, productos, servicios, y una lista casi sin final… Pareciera que el derecho a opinar se ha vuelto un derecho para odiar; más que generar tristeza o vergüenza es solo comenzar a pensar ¿en qué vamos a parar? el mindfulness, el yoga, el vegetarianismo, Twitter o cualquier religión podrán mitigar este sentimiento de constante insatisfacción y disgusto.

A finales del año pasado, la doctora con especialidad en psiquiatría holística Meredith Bergman, cuestionaba el momento en el que el coraje se convirtió en odio, y no solo por preocupación médica, sino por el efecto social generado en torno a los grupos de convivencia diaria. Una buena respuesta fue el exceso de cortisol, la hormona que controla el estrés, en su investigación la negatividad acumulada comenzó a mandar señales a todas las células del cuerpo algunos relacionados directamente con el desarrollo de cáncer.
Quizá en orden de mantener el coraje en un estado saludable o como una reacción normal sin dejar que el lado negativo nos inunde, tendremos que volver a poner atención a nuestros cuerpos y mentes, por más trillado que parezca darse un clavado a www.headspace.com puede que sea la panacea que necesitamos.


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