My feminist T-shirt

En ese momento me di cuenta de que no era feminista, era una víctima más que pretendía tapar el sol con un dedo.

Por Posh Editorial.

Colaboración de

Karla Muñoz


Publicado hace 3 meses 1 día



La veía en todos lados. Pasarelas, Instagram y Pinterest, estaban llenos de esto que era el estandarte de seguramente cualquier mujer del siglo XXI. Ya sea porque es mamá luchona, soltera (pero CEO) o como yo: una mujer de clase media que busca ser de clase alta y en un futuro rodearse de tíos tipo Carlos Slim o Ryan Gosling, lo que vendría siendo una mujer con sueños por realizar y cuentas por pagar.

Fui al Zara más cercano y la vi colgada a $270 “El feminismo al alcance de todos”.

El hecho de que el mundo me viera y entendiera que soy feminista hasta los huesos no tenía precio, y salí de lo más feliz de la tienda.

Practico crossfit y un buen día decidí usar mi t-shirt para entrenar, porque nada más feminista que ver una mujer cargando 70 lb y usando una playera que lo recalque. Salgo tarde de entrenar todos los días (a eso de la 10 pm) y camino unas 10 cuadras para llegar a mi departamento. Ese día, después de entrenar, salí sudando a chorros con el cuerpo agotado y las rodillas raspadas, a mi parecer me veía fatal. Caminando hacia mi departamento recibí los mismos acosos de todos los días, y no me defendí de ninguno con palabras, gestos o señas, como siempre.

Por un momento pensé que mi playera era un escudo que remarcaba mi posición ante mi situación, pero no. En ese momento me di cuenta de que no era feminista, era una víctima más que pretendía tapar el sol con un dedo.

Días después leí una nota sobre el boom de estas playeras y las mujeres que las hacen. Mujeres que reciben centavos por hacer miles de playeras al dia. Mal pagadas, mal aseguradas. ¡TODO MAL! Apoyé una causa pisoteándola al mismo tiempo.

Sé que no puedo parar la explotación dejando de comprar playeras feministas, pero sé que al menos puedo parar mis impulsos de comprar fast fashion con la idea de que me hace mejor persona.

P.D. Ya aprendí a defenderme de los acosos callejeros, y siento que nunca había hecho algo tan feminista en mi vida. Recordaos «En el hacer está el ser».


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