Representaciones actuales de lo bestial

Existe un detonador lleno de violencia que radica en las personas, como vestigio de lo que fuimos en algún punto de la evolución (seres bestiales de instinto primitivo, hambrientos de dominio), y que se expresa en formas tan increíbles como grotescas.

Por Posh Editorial.

Colaboración de

Irma Peña


Publicado hace 5 meses 2 días



La búsqueda incansable de identidad ocurre también a través de personajes y argumentos creativos, quiénes somos y por qué se da por medio del contenido visual ese deseo encarnado de representar el daño, el descontrol, rayando en la locura. La reconstrucción del concepto de lo estético y/o lo bello nos ha dejado al borde de la obscenidad y el horror, permitiendo un acercamiento al deterioro de lo humano.

Existe un detonador lleno de violencia que radica en las personas, como vestigio de lo que fuimos en algún punto de la evolución (seres bestiales de instinto primitivo, hambrientos de dominio), y que se expresa en formas tan increíbles como grotescas. Sentimos el enfado, la violencia, la ira como parte de nosotros.
La visión emergente que nos cuelga la etiqueta de imperfectos –junto con toda esta tecnología que permite sentirnos dueños y amos de la realidad (modificándola)– bien nos puede volver apáticos o hipersensibles. Nos mueve esa curiosidad por lo aberrante, el morbo que supone conocer qué hay más allá de lo permitido, la incesante búsqueda de representar lo «malo». Usamos aquello que nos hace humanos y exaltamos esas características para saber un poco más de nosotros: creamos monstruos.

Se generan representaciones en disciplinas artísticas como el cine, que derrochan violencia, sangre, mutilaciones, dolor, vacío existencial tal vez. Directores como Haneke, Solondz, Kubrick, Tarantino; el horror, el thriller e incluso el gore, personalizan al ser humano en sus formas más decadentes, escudriñan una infinidad de conflictos psicológicos y sociales que deshacen toda concepción de lo cabal.
Nos sentimos identificados con los símbolos de lo perverso, con todo aquello que nos acerca a un espécimen insufrible y lacerante, uno que horroriza y lastima. Es por esto que existen personajes como Pennywise (Eso), Michael Myers (Halloween), Samara Morgan (La niña del aro), Jason (Viernes 13) e incluso Drácula, que son utilizados como herramientas para reconocer nuestra propia naturaleza.

Todo ello refleja nuestra alienación y soledad, nuestro dolor y deseos más profundos. Será, tal vez, una excusa para mover alguna fibra escondida de la humanidad que tanto procuramos. Pero, ¿por qué la excentricidad del pensamiento humano radica en reproducir una y otra vez la violencia, la perversión? Cocinamos una fórmula peligrosa que se manifiesta en tantos personajes sádicos y crueles.
Puede que el ser humano busque entenderse desde lo más básico y por ello nos veamos en la necesidad de crear un tipo de contenido que arrastra la fragilidad de algunos, y que permite al espectador entrañarse y familiarizarse con esta visión. La expresión de la violencia como acto de rebeldía ante cierta hipocresía del humano contemporáneo que, inmutado por la realidad bañada en sangre, se permite la libertad de ver a través de estos personajes, esperando encontrar en ellos un alivio de la realidad.
La constante exposición al dolor ajeno de forma masiva, a la tensión y ansiedad ha logrado romantizar, glorificar, volver estético aquello que resulta doloroso: convertimos gritos de dolor en arte. Nos encontramos ante la humanización de lo aberrante o la desfiguración de lo humano.


Comentarios de Disqus